El inicio: Un salto a ciegas
De primera estaba perdido, ya que cometí una novatada: no dimensioné los detalles que conlleva tratar esta situación. Me refiero a costos, tiempo, diseño, entre otras cosas.
Al principio parecía una página corporativa común y corriente, nada del otro mundo. Sin embargo, cada vez me pedían que añadiera funcionalidades, diseños y más, así que el proyecto empezó a escalar. Todo esto ocurrió mientras yo no tenía idea de cómo comunicarle al cliente que el tamaño del proyecto conlleva un crecimiento en el costo.
La metamorfosis y el momento de tensión
Cuando el trabajo se acercaba a su fin, lo que había empezado como una simple página corporativa terminó convertido en un CMS a medida. Eso significaba otro nivel de arquitectura, de esfuerzo y, por supuesto, de costos, los cuales el cliente no había dimensionado y, comprensiblemente, se asustó.
Creí que ya lo había perdido todo.
En lugar de entrar en pánico, respiré, pensé con claridad y le ofrecí una salida: entregarle el sitio web sin el sistema de gestión avanzado, ajustando obviamente los cobros a la realidad inicial. Así logré salvar el proyecto y dejar al cliente satisfecho.
Las grandes lecciones que me llevo
De esta experiencia tan intensa saqué conclusiones que ahora son mis reglas de oro al desarrollar:
- Preguntar primero: El presupuesto del cliente se debe conocer antes de empezar a construir cualquier sitio web a medida.
- Estandarizar los proyectos: Si se trata de una Landing Page o un sitio corporativo, lo mejor es ofrecer atributos y funciones estándar. De esta manera, los cambios se mantienen al mínimo y se evita que el proyecto se convierta en un monstruo inmanejable.